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El Inversor Inteligente: GUÍA COMPLETA en PDF Capítulo por Capítulo

¡Hola! Si llegaste hasta aquí es porque estás interesado en aprender a invertir o al menos a leer a uno de los grandes inversores de todos los tiempos, Benjamin Graham a través de su best seller El Inversor Inteligente. 
Lo que vas a encontrar a continuación es un resumen completo en PDF de los capítulos fundamentales de esta obra cumbre de las inversiones. 
Por otro lado, si estas decidido a aprender a fondo las enseñanzas de Benjamin Graham para ganar dinero te recomiendo comprar el libro directamente. 

¡Ahora sí, comencemos con la guía/resumen en PDF!

En esta guía se repasan los conceptos principales transmitidos por Benjamin Graham en su clásico tratado sobre cómo invertir: El Inversor Inteligente.
Vas a poder contar con un resumen breve de cada capítulo en PDF donde vas a tener una visión general de las enseñanzas transmitidas por Graham de las que tanto ha aprendido Warren Buffett.
¡Espero que te sirva y que puedas comenzar tu camino en el mundo de las inversiones de la mejor forma!
 
el inversor inteligente
Cubierta de la edición en inglés de El Inversor Inteligente por Benjamin Graham*

*este es un enlace perteneciente al programa de afiliados de Amazon.

    

El Inversor Inteligente – Prefacio por Warren E. Buffett

El Inversor Inteligente es uno de los libros fundacionales de la disciplina de las Inversiones de Valor o Value Investing con lo cual este libro escrito por Benjamin Graham no podía tener el prefacio de otro que no sea Warren E. Buffett su discípulo más famoso.
Si bien probablemente Buffett haya superado a su maestro Benjamin Graham, las palabras del prefacio no muestran más que admiración y respeto por su “maestro, empleador y amigo”.
En este prefacio en PDF Warren Buffett menciona que leyó este libro por primera vez en 1950 cuando sólo tenía 19 años y todavía piensa que es uno de los mejores libros de inversiones de todos los tiempos.
Para invertir exitosamente, sigue Buffett, no es necesario un cociente intelectual elevado, perspectivas de negocio inusuales o información privilegiada.
Solo hace falta un marco intelectual fiable para tomar decisiones y la habilidad para mantener las emociones a raya.
Este libro proporciona el marco intelectual, pero el lector debe proporcionar la disciplina emocional concluye Buffett.
En este prefacio Warren Buffett hace sobre todo hincapié en las enseñanzas de los capítulos 8 y 20 de este libro.
De hecho, en una de las últimas conferencias de Berkshire Hathaway en Omaha en Mayo de 2018, como respuesta a una de las preguntas que le hicieron, Warren Buffett respondió que prefería contratar a una persona que tenga muy claros los conceptos los capítulos 8 y 20 y no a un graduado con honores de alguna de las principales escuelas de negocios de los Estados Unidos.
Para Buffett los conceptos de Value Investing son simples y no requieren de grandes capacidades intelectuales para aprenderlos. Sí se requiere de una disciplina y sentido común extraordinarios para llevarlos a cabo.
Continuando con el prefacio, Warren menciona que cualquiera que siga los pasos y conceptos delineados en El Inversor Inteligente puede lograr resultados en la bolsa NO TAN MALOS. Que según él ya es mucho decir.
Los resultados que uno debería esperar invirtiendo en la bolsa deberían estar relacionados con el esfuerzo y el intelecto que uno aplique a decidir en dónde invertir y a las TONTERAS de las que sea víctima el mercado durante el tiempo en que se esté invirtiendo y que por lo tanto brinden buenas oportunidades al inversor.
Cuanto más estúpido o tonto se ponga el mercado, mayores serán las oportunidades que tendrá el inversor inteligente para realizar una ganancia.
El prefacio termina con una editorial que escribió Warren E. Buffett cuando Benjamin Graham murió en 1976. En esa editorial puede verse la gran admiración que Buffett tenía por Graham.
Según Buffet, Graham esperaba hacer todos los días algo tonto, algo creativo y algo generoso.
Es raro que el fundador de una disciplina como lo fue Graham en el análisis de inversiones, siga vigente 40 años después de sus primeras publicaciones.
Graham tenía virtualmente una memoria fotográfica, una fascinación sin fin por el nuevo conocimiento y una habilidad sin precedentes para aplicar ese nuevo conocimiento a problemas aparentemente sin relación alguna.
Para finalizar Buffett cita una frase de Walter Lippmann: “hay hombres que plantan árboles para que otros hombres se sienten debajo, Ben Graham era uno de esos hombres”.

El Inversor Inteligente – Introducción de Jason Zweig

 
La última edición del libro El Inversor Inteligente cuenta con los comentarios del periodista especializado en finanzas Jason Zweig quien ha sido columnista del diario The Wall Street Journal desde el año 2008.
Zweig no solo colabora con la introducción a El Inversor Inteligente sino que además fue su editor y realiza comentarios al final de cada capítulo.
 
El texto original reproducido en esta edición es el último texto revisado por Graham y corresponde a la 4ta edición actualizada en 1971-1972 e inicialmente publicada en 1973.
Zweig comienza su introducción rescatando el carácter y la claridad conceptual que propone Graham en su libro proclamando que todos los mercados alcistas siempre deben terminar mal y que eso es una certeza absoluta.
Zweig comenzó a meterse en el mundo de las finanzas en 1987 justo con la caída brutal que tuvo la bolsa en ese año, con lo cual encontró las palabras de Graham casi proféticas.
Luego de manifestar la importancia y la influencia que Graham tiene para el mundo de las inversiones, Zweig pasa a hacer un repaso de su vida: dónde creció, cuales fueron sus estudios, dónde comenzó a trabajar, etc.
Graham se graduó en Columbia, segundo de su clase, en 1914 donde había logrado asegurarse una beca por su brillantez. Luego de Columbia, Graham decidió ir a probar suerte a Wall Street y comenzó a trabajar en una firma de corretaje y en poco tiempo ya estaba manejando su propia firma de inversión.
Si bien a Graham le tocó el crash de la bolsa de 1929, acumulando entre 1929 y 1932 una pérdida del 70%, luego puedo recuperarse y aprovechar el mercado alcista que vino después de esa crisis.
Si bien no hay un récord exacto acerca de cuáles fueron los rendimientos de Graham en su época como inversor, desde 1936 hasta 1956 año en que se retiró, Graham-Newman Corp. ganó al menos un 14.7% anualizado contra un 12.2% para el total del mercado accionario durante esos años.
Graham-Newman Corp. era un fondo mutual abierto que Graham administraba junto con Jerome Newman, otro inversor destacado de la época.
Tal vez la parte más rica de esta introducción es cuando Zweig hace un resumen de los principios de inversión de El Inversor Inteligente que hoy siguen más vigentes que nunca. Dichos principios son:
  1. Una acción no es solamente un símbolo o un pedazo de papel, es una participación en un negocio concreto con un valor subyacente que no depende del precio de la acción.
  2. El mercado es un péndulo que se se balancea perpetuamente entre el optimismo insostenible (que hace que las acciones sean demasiado caras) y el pesimismo injustificado (que hace que las acciones sean demasiado baratas). El inversor inteligente es un realista que le vende a los optimistas y le compra a los pesimistas.
  3. El valor futuro de cada inversión es una función de su precio presente. Cuanto más alto precio se pague, menor será el rendimiento futuro.
  4. No importa cuán cuidadoso sea uno, el único riesgo que un inversor no puede eliminar es el riesgo de estar equivocado. Solo insistiendo en lo que graham llama “margen de seguridad” se pueden minimizar las posibilidades de error.
  5. El secreto para el éxito financiero está dentro de cada uno. Si uno se convierte en un pensador crítico e invierte con paciencia y confianza se puede lograr una ventaja sostenible en los peores mercados bajistas. Desarrollando disciplina y coraje sin dejar que las variaciones de estado de ánimo de otras personas nos influya se puede lograr controlar nuestro destino financiero. Al final cómo se comportan nuestras inversiones es mucho menos importante a cómo nos comportamos nosotros.
Usando los conceptos mencionados en El Inversor Inteligente es posible educarnos y alternar la visión de cómo vemos el mundo financiero para convertirnos seguramente en inversores mucho más sabios.
 
principios de inversión de el inversor inteligente
Principios de inversión sugeridos por Benjamin Graham en El Inversor Inteligente

El Inversor Inteligente – Introducción por Benjamin Graham

 
En esta introducción escrita por Benjamin Graham el autor hace hincapié en que en el libro no se trata de mostrar una metodología técnica para realizar el análisis de inversiones sino más bien lo que intenta transmitir son principios de inversión y actitudes que cualquier inversor debe tener para lograr buenos resultados en los mercados financieros.
 
En una serie de libros anteriores, “Security Analysis” por su nombre en inglés, Graham se explaya más en la descripción de la técnica utilizada para valorar diferentes activos financieros.
Este libro tiene que ver más con principios de inversión y no tanto con conceptos técnicos de valoración de activos.
Si bien en el libro se mencionan varios ejemplos de acciones o papeles concretos, solo se hace para ilustrar conceptos y no como parte de una metodología de valuación.
Más que nada a lo largo del libro se trata de identificar patrones históricos que se dan en los mercados financieros en muchos casos durante varias décadas.
Es de especial importancia entonces entender cómo se han comportado los bonos y las acciones durante las diferentes realidades económicas.
En general, Graham, a lo largo de El Inversor Inteligente siempre va a hacer mucho hincapié en qué porcentaje de acciones y qué porcentaje de bonos un inversor debe tener en su cartera de acuerdo a diferentes criterios y situaciones.
“Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo” Graham cita la famosa frase de Santayana.
Otra distinción clave que hace Graham en la introducción tiene que ver con que el libro no está dirigido a especuladores que basan sus decisiones de inversión en base complicados cuadros y gráficos y que compran acciones porque han venido subiendo y venden acciones o activos financieros porque “han venido bajando”.
Este enfoque técnico, dice Graham, cuyo objetivo es “seguir al mercado” no ha mostrado buenos resultados para nadie que él conozca en los últimos 50 años de experiencia en el mercado analizados por Graham.
Al ser esta la 4ta edición revisada por Graham desde la primera publicación de El Inversor Inteligente en 1949, se analizan las novedades ocurridas en los mercados en los últimos 5 años, es decir desde la última revisión hecha por el autor en 1965.
En esa época, 1971, varias hechos relevantes habían acontecido en los mercados. Hechos para los que Graham trata de buscar nuevas explicaciones y, en los casos en que corresponda, adecuar o aggiornar los principios de inversión de las ediciones anteriores.
Algunos de estos hechos fueron:
  1. Un aumento significativo y sin precedentes de las tasas de interés en los bonos de alta calificación crediticia.
  2. Una caída del 35% en el precio de las acciones líderes del mercado desde 1965 hasta 1970. La mayor caída en los últimos 30 años.
  3. Una inflación persistente en los precios del consumidor.
  4. El desarrollo o la creación de empresas conglomeradas.
  5. La bancarrota de la empresa ferroviaria más grande del país hasta aquel entonces.
Si bien los principios de inversión no deberían cambiar entre década y década, Graham menciona que sí se deben ajustar un poco o adaptarse a los cambios significativos en el clima y en los mecanismos de inversión.
Un de los cambios significativos que más preocupa a Graham o en los que más hace hincapié en la introducción se refiere al aumento de los rendimientos o las tasas de interés de los bonos corporativos de primera línea.
Desde 1967 a 1970, un inversor hubiese podido obtener el doble de rendimiento invirtiendo en bonos corporativos en lugar invertir en las principales acciones incluyendo sus dividendos.
Se pregunta entonces Graham si, dado esta nueva situación en cuanto al rendimiento de los bonos en comparación con las acciones de primera línea, debería hacer que su recomendación de portafolio para el inversor inteligente sea de 100% en bonos en lugar de 50% en bonos y 50% en acciones como solía recomendar en ediciones anteriores.
A continuación Graham hace una de las distinciones más importantes del libro: la diferencia entre dos tipos de inversores, los inversores pasivos o defensivos versus los inversores emprendedores, activos o agresivos.
Los inversores pasivos son aquellos que no quieren dedicar mucho tiempo al proceso de selección de activos financieros para invertir y que por lo tanto quieren equivocarse lo menos posible. Su foco está en evitar la pérdida de principal.
Por otro lado, los inversores emprendedores o los inversores activos o agresivos están activamente tras la búsqueda de las mejores opciones de inversión para tener un rendimiento de portafolio superior al del mercado.
Graham aclara que en el largo plazo, si dichos inversores persisten y se esfuerzan lo suficiente es probable que su esfuerzo sea recompensado obteniendo rendimientos superiores al mercado.
Una metodología muy común en aquella época para los inversores activos era identificar industrias en crecimiento y dentro de esas industrias en crecimiento ver cuales son las empresas con mayor potencial para invertir.
Por ejemplo en aquel entonces dentro de la industria de la computación, IBM era sin dudas la estrella de ese grupo de acciones.
Ahora, también la industria aeronáutica presentaba en los años 50s grandes prospectos de crecimiento. Sin embargo, si bien la industria tuvo un gran desarrollo, los fondos que invirtieron en empresas aeronáuticas terminaron perdiendo plata.
Con lo cual, concluye Graham, no siempre las metodologías utilizadas por los inversores activos o agresivos funcionan con un 100% de efectividad.
A partir de estos ejemplos se desprenden entonces dos conclusiones:
  1. Crecimientos obvios en el volumen físico de los negocios no necesariamente implican un crecimiento en las ganancias para los inversores.
  2. Los expertos o inversores activos no tienen métodos confiables para seleccionar y concentrar las inversiones en las mejores empresas de las industrias en crecimiento.
Para Graham el problema principal del inversor y su principal enemigo es UNO MISMO. “La culpa, querido inversor, no está en la estrellas -ni en nuestras acciones- sino en nosotros mismos…”. Es mucho más importante el control disciplinado de las emociones que cualquier marco técnico que el auto pueda transmitirnos.
Otra de las enseñanzas fundamentales que nos transmite Benjamin Graham en esta primera introducción es: “NO COMPRAR ACCIONES DE EMPRESAS QUE COTIZAN MUY POR ENCIMA DEL VALOR DE SUS ACTIVOS TANGIBLES*”.
*los activos tangibles de una empresa incluyen los edificios, las plantas, las fábricas, el equipamiento, el inventario, el efectivo, las inversiones de corto plazo y las cuentas por cobrar.
Es decir, que si bien hay muchas compañías que pueden estar con precios muy por encima del valor de sus activos tangibles debido a altas perspectivas de crecimiento, el comprador de dichas acciones va a ser demasiado dependiente de las fluctuaciones del mercado y de lo que pueda ocurrir a futuro con lo cual no sería recomendable invertir en este tipo de activo.
En líneas generales, a partir de la introducción de El Inversor Inteligente nos enteramos entonces que va a ser un libro que no va a enseñar a batir el mercado pero sí:
  1. Cómo minimizar las chances de sufrir pérdidas irreversibles.
  2. Cómo maximizar las chances de lograr ganancias sostenibles.
  3. Cómo controlar el comportamiento auto-destructivo que hace que la mayoría de los inversores no pueda desarrollar su máximo potencial.
Los mercados alcistas hacen a la acciones más riesgosas ya que los precios son más altos y, cómo se vió anteriormente, el resultado de una inversión futura es proporcional al precio pagado en el presente.
Por otro lado, los mercados bajistas o las crisis hacen que las acciones sean menos riesgosas y por lo tanto es un período en donde los inversores de valor encuentran muchas oportunidades de inversión.

El Inversor Inteligente – Capítulo 1 Inversión Vs Especulación: Resultados Que Pueden Ser Esperados por el Inversor Inteligente

 
En el capítulo 1 de El Inversor Inteligente, Graham sienta las bases conceptuales que utilizará en el resto del libro para referirse a lo que realmente significa invertir.
Para el autor, una operación de inversión es tal que, luego de un análisis cuidadoso, promete seguridad de principal y retorno adecuado. Las operaciones que no cumplan con este requisito son puramente especulativas.
 
A partir de aquí, con una operación de inversión bien definida, Graham continúa analizando las condiciones de mercado que predominaron en los años posteriores a la publicación de la primera y segunda edición, en donde los bonos y las acciones como clase de activos tuvieron diferentes rendimientos (muchas veces muy distintos a lo que se hubiese esperado al comienzo de ese período).
 
En relación a la especulación, Graham argumenta que no es mala ni buena, ni ilegal, ni inmoral. Hasta es necesaria en ciertos casos cuando nuevas compañías salen a la bolsa y necesitan capital para crecer sin tener un producto probado en el mercado o cuando se quiere intercambiar riesgo.
 
La especulación puede ser inteligente o no inteligente. Graham menciona que la especulación no inteligente se da cuando:
1) se está especulando y se piensa que se está invirtiendo,
2) la especulación se transforma en la actividad principal y no en un pasatiempo cuando no se tienen los conocimientos ni la habilidad necesarias y
3) cuando se arriesga más dinero en especulación del dinero que realmente se puede permitir perder.
 
Para Graham, cualquier inversor NO PROFESIONAL que esté operando con margen es por definición un especulador.
¿Qué significa operar con margen? Básicamente significa tomar efectivo prestado por parte del broker y comprar acciones o bonos con ese préstamo que tiene como garantía los mismos valores que se tienen custodiados en el broker.
 
Si el valor en mercado de esos activos baja y se está utilizando margen en la cuenta, es probable que el broker llame al cliente para pedirle que aumente sus posiciones depositando más fondos o de lo contrario comienza a liquidar los activos de la cuenta a precio de mercado.
Otro de los puntos importantes en los que Graham hace hincapié en este capítulo a través de diferentes ejemplos que ocurrieron en la década precedente, es que EL PRECIO FUTURO DE LOS ACTIVOS FINANCIEROS NUNCA ES PREDECIBLE.
Por lo tanto como no se puede predecir el comportamiento de los mercados financieros lo único que se puede hacer es aprender a predecir y controlar el propio comportamiento.
 
Gran parte de la discusión del capítulo se basa en entender cuál debería ser la asignación óptima de portafolio entre bonos y acciones.
En esa época aún con excelentes perspectivas para los bonos, Graham no se arriesga a recomendar un portafolio diferente a un mix de 50% de acciones de primera línea y 50% de bonos de alta calificación.
Cómo mucho un máximo de 75% en alguna de las dos clases de activos y un mínimo de 25% respectivamente.
 
¿Qué tipo de acciones debería comprar el inversor defensivo o conservador según Graham? Sólo las acciones de compañías importantes con un largo historial de operaciones que generan ganancias y que tienen una condición financiera fuerte.
 
Si bien una opción es elegir las acciones de compañías individuales por su cuenta; otras opciones con las que cuenta el inversor conservador para armar su cartera de acciones son:
  1. Comprar una participación en un fondo de inversión que esté bien establecido.
  2. Contratar asesores profesionales para que seleccionen las acciones a comprar.
  3. Usar “dollar-cost-averaging” para ir comprando acciones en el mercado. Esto significa ir comprando todos los meses o todos los trimestres el mismo importe en acciones independientemente de si el mercado está alto o está bajo. Con lo cual se compraran muchas acciones cuando los precios estén bajos y un poco menos cuando los precios estén altos.
En relación a los inversores activos  Graham menciona que lo primero que tienen que asegurarse antes de querer obtener retornos superiores a los del inversor pasivo es NO PERDER.
Los inversores activos deben dedicarse un 110% del tiempo al análisis del mercado y de las compañías, es decir o dejan todo o mejor que sean inversores conservadores.
 
En general, Graham menciona que los inversores emprendedores o los inversores activos se han enfocado generalmente en generar resultados mejores a los del mercado a través de tres estrategias que según el autor no tienen posibilidades de funcionar:
  1. Tradeando en el mercado: comprando cuando el mercado está subiendo y vendiendo cuando el mercado está bajando realizando varias operaciones de compra-venta durante el año. Vendría a ser una especie de seguir la tendencia y Graham ya se ha manifestado en contra de este tipo de estrategias.
  2. Selectividad de corto plazo: sería comprar acciones de compañías que se espera que tengan buenos resultados en el año o el año entrante. Graham argumenta que esta estrategia no va a dar buenos resultados ya que generalmente las expectativas de ganancias del año en curso o el año siguiente se encuentran metidas dentro del precio vigente y es poco probable que un analista particular pueda tener mejor información o pronósticos en este sentido que la multitud de analistas de Wall Street.
  3. Selectividad a largo plazo: en este caso el argumento en contra de la selectividad de acciones basada en pronóstico de ganancias a largo plazo es casi el mismo que en el caso anterior. Es muy difícil que un analista particular pueda hacer mejores predicciones que todos los analistas de Wall Street, y en el caso afirmativo de que en realidad puedan realizar pronósticos sobre ganancias futuras de una mejor forma que los analistas de Wall Street, estos deberían equivocarse para que el inversor pueda realmente tener una ganancia.
¿Existe entonces una estrategia fiable que garantice la seguridad de principal y genere retornos adecuados para el inversor activo o emprendedor? Graham argumenta que es posible encontrar dicha estrategia y que además si existe, esta estrategia no debería ser popular en Wall Street.
 
Una de las estrategias de este tipo que utilizó Ben Graham en el pasado es comprar empresas que estén cotizando por un valor total menor al de los activos corrientes que posee la compañía. La famosa estrategia “net net” de Graham.
 
Básicamente si el valor en el mercado de una empresa es menor al valor de los activos que esa empresa tenía como efectivo o inversiones a corto plazo menos los pasivos, su capital de trabajo, entonces Graham compraba esa empresa.
 
Claramente este tipo de situaciones ha desaparecido en la actualidad y es muy difícil encontrar una empresa que tenga dichas características.
 
Siguiendo con la discusión sobre cómo comprar acciones, en la sección de comentarios del capítulo Zweig hace referencia a que un inversor debe comprar una acción porque ve un valor productivo en el negocio y no como un especulador que espera que luego alguien compre el mismo paquete accionario por un precio mayor.
 
En relación a este último párrafo Warren Buffett argumentó en la conferencia de accionistas de 2018 que veía en el valor del Bitcoin pura especulación en donde la gente compraba criptomonedas solo con la esperanza de que alguien después venga y pague más de lo que ellos pagaron por comprar.
Buffett es fundamentalista de las inversiones en activos productivos que generan flujos de fondos o que producen riquezas.
 
Una frase famosa de Graham al respecto es: “Pregúntate a ti mismo: si no hubiese mercado para estas acciones, estaría dispuesto a tener una inversión en esta compañía en estos términos?”.
 

El Inversor Inteligente – Capítulo 2 El Inversor y la Inflación

 
En el capítulo número 2 del libro, Benjamin Graham analiza el papel que la inflación juega en las inversiones y cómo un inversor inteligente debería tomar decisiones de inversión en función de cómo espera que se comporte el nivel general de precios.
 
Cabe mencionar que el autor siempre analiza los diferentes escenarios disponibles para el inversor en función de qué porcentaje de bonos y qué porcentaje de acciones un inversor debería tener en su cartera.
 
En este sentido entonces, Graham menciona que ante contextos inflacionarios los bonos son siempre una mala inversión ya que tanto los intereses que pagan como el principal que se devuelve al final del período son montos fijos no indexados por inflación con lo cual el inversor estaría perdiendo poder de compra (en la época en que Graham escribió estas líneas no existían todavía los bonos del Gobierno de Estados Unidos llamados TIPS cuyo principal es ajustado anualmente de acuerdo al monto de la inflación de ese país).
 
Por otro lado, un inversor podría esperar que el efecto de la inflación se vea mitigado por la tenencia de acciones ya que en contextos inflacionarios esta clase de activo podría aumentar de precio o los dividendos podrían ser mayores.
 
Para continuar con el análisis se toman datos desde principios de siglo XX en relación a los niveles de inflación, niveles de precio de acciones, ganancias y dividendos.
 
Al margen de que no solo es muy difícil poder encontrar algún tipo de correlación entre el precio de las acciones y el nivel de inflación, Graham concluye que es imposible poder predecir cuál va a ser el aumento, o disminución, en el índice general de precios en los años siguientes.
 
Al ser imposible de predecir cuál va a ser el nivel de inflación, el ejercicio de planificar el portafolios en relación a esta variable es inútil.
 
A pesar de ello, en un segmento del capítulo Graham menciona que, por regla general, es posible tomar una tasa de 3% anual para la inflación futura. Esta es una de las pocas predicciones en las que Graham se equivocó ya que el nivel de inflación en los años siguientes a 1972 fue superior al 8.7%.
 
Luego de un análisis de las diferentes variables, Graham concluye que no hay una correlación cercana entre el movimiento del precio y las ganancias de las acciones con el nivel de inflación o deflación de la economía.
 
El capítulo continúa haciendo un análisis histórico del rendimiento de las acciones a lo largo de las diferentes décadas que precedieron 1971 año en que se revisó el libro.
 
A partir de ese análisis Grahama concluye que es razonable esperar un rendimiento futuro para las acciones de 8% a partir de 1971, sin embargo dichos rendimientos no van a ser parejos año a año sino que esa cifra va a ser solamente un rendimiento a largo plazo.
 
En relación a los rendimientos anuales del mercado accionario Graham cita una frase famosa de John Pierpont Morgan que siempre mencionaba cuando le preguntaban cuál era su perspectiva en relación al precio futuro de las acciones. JP Morgan siempre respondía “Van a fluctuar”.
 
En otra de las secciones del capítulo Graham analiza cuáles pueden ser las diferentes alternativas de inversión para resguardarse de la inflación y ahí menciona que el oro es un mal resguardo ante niveles crecientes en el nivel general de precios.
 
Desde 1935 ha sido ilegal en Estados Unidos comprar oro para atesoramiento. Graham menciona que esto ha sido una bendición para los inversores americanos ya que en los 35 años precedentes a 1972 el precio del oro subió solo un 35% y además el poseedor no recibió ningún tipo de renta y seguramente además tuvo que afrontar los costos de atesoramiento.
Le hubiese ido mejor poniendo un plazo fijo en el banco argumenta Graham.
En líneas generales, Graham dice que no se le puede ganar a la inflación poniendo el dinero o invirtiendo en la compra de “cosas”, sean metales preciosos, arte, diamantes, etc. Lo mismo dice aplica para la compra de activos inmobiliarios ya que los mismos están sujetos a grandes variaciones de precios.
 
Como conclusión final, el autor menciona que siempre hay que mantener la diversificación inicial entre bonos y acciones y que no se puede sobreponderar más una clase de activos en relación a la otra por el solo efecto de la inflación futura esperada.
 
En la sección de comentarios Jason Sweig clarifica que siempre debemos medir el resultado de las inversiones en términos reales y no nominales. Es decir teniendo en cuenta el efecto de la inflación.
 
Los gobiernos que se endeudan siempre van a tener incentivos a generar más inflación ya que de esa forma pueden licuar el peso de la deuda. Por otro lado, en escenarios donde hay deflación conviene tener bonos o ser prestador ya que el principal se va revalorizando a la vez que voy recibiendo intereses.
 
Ya en la sección de comentarios, y haciendo un análisis de más años, Zweig concluye que las acciones son un buen resguardo solo ante escenarios de inflación moderada, por ejemplo menos del 6%. Si la inflación supera ese número entonces estamos frente a escenarios en los que se desatan fuerzas económicas que perjudican a las empresas y hasta podemos ver una caída del mercado accionario.
 
Analizando períodos de 5 años desde 1926 hasta el año 2002, se pueden conformar 64 período de 5 años en los cuales 50 el rendimiento de las acciones superó a la inflación (el 78% de las veces) sin embargo en casi ⅕ de las ocasiones la inflación fue muy superior al rendimiento de las acciones.
 
Finalizando ya con el capítulo, se menciona que en la actualidad existen dos herramientas que pueden brindar una mayor cobertura contra la inflación, los TIPS (bonos del gobierno que ajustan el principal de acuerdo al nivel de inflación) y los REITs (fondos administrados dedicados exclusivamente a las inversiones inmobiliarias).
 

El Inversor Inteligente – Capítulo 3 Un Siglo de Historia en el Mercado Accionario: El Nivel del Precio de las Acciones a Comienzos de 1972

 
En el capítulo 3, Graham se dedica a analizar casi un siglo de datos en función a 3 variables fundamentales relacionadas al mercado accionario: el nivel de precios de las acciones, las ganancias o earnings y por último el porcentaje de dividendos repartidos.
 
Los datos que utiliza el autor para realizar dicho análisis comienzan en 1871 que es el año a partir del cual se pueden realmente tener datos relevantes sobre precios y rendimientos de acciones. A pesar de esto, Zweig en los comentarios menciona que los datos hasta aún hasta finales de los 20s también pueden estar sobrevalorados debido más que nada a lo que conoce en inglés como survivorship bias o sesgo del sobreviviente.
 
Según este conocido sesgo cognitivo, sólo se están considerando los datos de aquellas compañías que efectivamente sobrevivieron y no de las cientos de empresas automotrices o ferroviarias que declararon la quiebra en aquellos años. Es por este motivo que los datos pueden estar aún afectados y los rendimientos de las acciones podrían ser menores.
 
Los datos de compañías que efectivamente cotizan en el índice Dow Jones Industrial Average comienzan como tales en el año 1897.
 
A lo largo del capítulo y en función a estos datos, Graham analiza los diferentes vaivenes del mercado americano de acciones durante casi todo el siglo XX, argumentando si estaba caro o barato en cada una de las décadas precedentes y además mencionando cuál hubiese sido el curso correcto de acción a medida que se iban presentando los diferentes mercados.
 
Para saber si el mercado de acciones está caro o barato en un determinado período, Graham analiza el ratio P/E o price earnings construído con el precio actual de las acciones pero las ganancias promedio de los últimos 3 años. En función a la evolución de esa métrica y al ratio del porcentaje de rendimiento de los bonos de alta calificación sobre el rendimiento de las acciones es que emite un juicio de valor sobre el mercado.
 
Es último ratio se construye a partir de la división del ratio de retorno de las acciones (ganancias por acción / precio de la acción) por el ratio de retorno de los bonos de alta denominación.
 
Ya en los comentarios del capítulo y como conclusión final de Graham se desprende que un inversor inteligente jamás debería pronosticar el futuro exclusivamente a partir de la extrapolación del pasado.
 
Algo que siempre debemos recordar que el rendimiento de una inversión es una función del precio que pagamos por ella. En relación a esto cita como ejemplo los 90s donde la inflación estaba bajando, había paz en el mundo y las ganancias corporativas estaban subiendo; sin embargo esto no significaba que el precio de las acciones debía subir hasta el infinito.
 
Cómo las ganancias que puede tener una empresa son finitas, el aumento en el precio de las acciones también debería ser finito.
 
En líneas generales y a partir de toda la información analizada en el capítulo se podría concluir que el rendimiento de las acciones está determinado por:
  1. El crecimiento real: el aumento de las ganancias y los dividendos de las empresas.
  2. El crecimiento inflacionario: el aumento generalizado de precios en toda la economía.
  3. El crecimiento especulativo: el aumento o la baja del apetito del público por las acciones.
Según Zweig, en el largo plazo el crecimiento en las ganancias por acción ha promediado de un 1.5% a un 2% (sin contar la inflación), la inflación en año 2002 se podría estimar en un 2.4% y el porcentaje de dividendos pagados estaba en 1.9%. Tenemos entonces la suma de los 3 en : 1.5%+2.4%+1.9% nos da un 5.8% aproximadamente de rendimiento anual en las acciones a largo plazo.
 
La historia ha demostrado que cuanto más convencido esté un inversor sobre el futuro, más probabilidades hay de que sea brutalmente golpeado por el mercado. Es por ello que uno siempre debe cuestionar todos los supuestos e ir ajustando su visión de la realidad a medida que se van desenvolviendo los eventos.
 
En los mercados financieros, cuanto peor luce el futuro, generalmente mejor termina por ser.
 

El Inversor Inteligente – Capítulo 4 Política General de Portafolio: El Inversor Defensivo

 
En este capítulo, Graham vuelve a hacer la típica distinción entre el inversor defensivo y conservador y el inversor emprendedor o inversor activo. El primero es el que busca resultados adecuados pero quiere dedicar el menor tiempo posible a la definición de su cartera de inversión. Por otro lado, el inversor activo o emprendedor es aquel que dedica tiempo y recursos a la búsqueda de oportunidades de inversión para obtener rendimientos mejores que el promedio.
 
Graham argumenta en contra de la teoría de los mercados eficientes diciendo que uno no debería esperar más o menos retorno de acuerdo al riesgo que se está asumiendo. Para Graham uno debería esperar más o menos retorno de acuerdo a la cantidad de esfuerzo inteligente que esté dispuesto a dar buscando oportunidades de inversión.
 
En muchos casos dice Graham, el vé menor riesgo comprando una acción que bajó un 40% y que por lo tanto se encuentra a precios “regalados” en comparación con un bono de alta denominación que rinda el 4% anual.
 
A partir de esta declaración, el auto vuelve a encarar el problema de la alocación de recursos en el portafolio de un inversor inteligente. Es entonces que vuelve a mencionar que el porcentaje de bonos y acciones debería ser 50% y 50% con un rebalanceo por ejemplo semestral, donde si el porcentaje de valor invertido en acciones ha subido a un 55% se deberían vender la 11ava parte para volver a un 50% y 50% de porcentaje entre ambos tipos de activos.
 
Por otro lado, Graham permite una variación de hasta 75% en una clase de activo con la correspondiente contrapartida de 25% en la otra clase de activo. El problema, dice Graham, es que si bien la regla es simple, es muy difícil de determinar cuándo se debe sobreponderar una u otra clase de activo ya que esto va en contra de la naturaleza humana.
El inversor va a tratar de vender cuando el mercado ha bajado y haya malas noticias y a comprar cuando el mercado hay subido y aparentemente todo está yendo bien en la economía. Es decir, realizaría compras y ventas al contrario de lo que debería ser.
 
Luego de este análisis, Graham pasa a enumerar las distintas ventajas y desventajas de cada instrumento de renta fija disponible en aquella época a partir de dos variables fundamentales: si la renta del bono va a tener impuestos o no y si se opta por bonos de largo plazo o corto plazo.
 
Zweig menciona que en la actualidad hay una tercera dimensión que se debería analizar y que tiene que ver con si se optan por bonos o directamente por fondo de bonos.
Graham pasa a analizar entonces:
  1. Bonos de ahorro estadounidenses serie E y serie H.
  2. Otros bonos de Estados Unidos
  3. Bonos provinciales y municipales
  4. Bonos corporativos
  5. Bonos basura o de alto rendimiento
  6. Certificados de depósito
  7. Emisiones convertibles
  8. Call Provisions: en este sentido, Graham recomienda nunca comprar bonos que tengan esta cláusula o que sean callables.
Los bonos que son callables son pasibles de ser rescatados por sus emisores antes de la fecha de maduración.
El efecto neto de esta cláusula para el inversor es que probablemente se estaría perdiendo todo el upside o la ganancia de capital que pudiese tener en caso de una baja de interés ya que en un escenario de esas características el emisor del bono lo declararía callable al precio estipulado y emitiría nueva deuda a una menor tasa privando al inversor de la ganancia de capital.
 
En este capítulo, Graham también se manifiesta en contra de las acciones preferidas ya que según dice son un instrumento de inversión que concentra lo peor del mundo de los bonos y lo peor del mundo de las acciones.
 
Las acciones preferidas no tienen tanta prioridad como los bonos al momento de una quiebra y por otro lado tampoco tienen el potencial de apreciación que tienen las acciones comunes (sin contar que tampoco poseen generalmente derecho a voto). Es por esto que solo recomienda comprar acciones preferidas cuando están de remate.
 

El Inversor Inteligente – Capítulo 5 El Inversor Defensivo y las Acciones Comunes

 
En este capítulo, Graham establece cómo debe comportarse un inversor conservador en relación a las acciones comunes. Según Graham las acciones tienen dos grandes ventajas. 1) ofrecen cierta protección contra la inflación y 2) pueden llegar a dar un mayor retorno que los bonos a lo largo de los años a través de los dividendos y la apreciación de capital.
Siempre hay que recordar que el precio de entrada no tiene que ser muy alto ya que sino los resultados pueden ser magros. En este sentido, Zweig menciona el ejemplo de cuando las acciones cayeron con la crisis de 1929 tardaron 25 años en volver al mismo nivel alcanzándolo en 1954.
 
Con esto se quiere decir que si bien las acciones son una buena inversión en el largo plazo, si los precios de entrada son muy altos y no tienen razón de ser entonces los períodos necesarios para ver una ganancia pueden ser extremadamente largos.
 
Este es uno de los mejores capítulos de libro ya que Graham nos dá 4 reglas prácticas que los inversores conservadores deben seguir a la hora de elegir acciones:
  1. Diversificación: debe haber adecuada diversificación aunque no una diversificación excesiva a la hora de elegir las acciones que van a componer la parte de equity de la cartera. Graham recomienda no menos de 10 acciones y no más de 30 acciones para construir el portafolio.
  2. Tipos de compañías: las compañías seleccionadas deberían cumplir con ciertos criterios que son básicos para Graham, deben ser empresas grandes (hoy en día serían empresas que tengan al menos una capitalización de mercado de $10 billones de dólares americanos), prominentes y que estén financiadas de una forma conservadora (en empresas industriales el valor en libros de las acciones debería representar al menos el 50% de la capitalización de mercado incluida la deuda, por otro lado en empresas ferroviarias o de utilidad pública, el valor en libros de las acciones debería ser de al menos 30% de la capitalización de mercado total).
  3. Dividendos: cada empresa debería tener un largo historial de pago de dividendos. En aquella época al menos 20 años de pago continuo de dividendos, hoy en día Zweig menciona que podríamos estar bien con empresas que hayan pagado dividendos durante los últimos 10 años.
  4. Precio: el inversor debería imponer algunos límites en cuanto al precio a pagar por las acciones en relación a sus ganancias promedio en los últimos 7 años. Graham recomienda que el ratio P/E no sea mayor a 25 si tomamos en cuenta el precio actual de la acción y lo dividimos por las ganancias promedio por acción de los últimos 7 años y no mayor a 20 si tomamos el precio actual y lo dividimos por las ganancias de los últimos 12 meses. Claramente esto deja fuera las acciones consideradas de crecimiento para la cartera del inversor conservador.
Cómo veíamos en este último punto, Graham deja fuera de la cartera de los inversores conservadores a las acciones de las empresas en crecimiento.
¿Qué son las acciones de las empresas en crecimiento? Son acciones de aquellas compañías que hayan aumentado sus ganancias por acción en el pasado a un ritmo muy superior al de las otras empresas y que se pronostica que van a seguir creciendo a futuro (algunos dicen que el criterio justo es que dupliquen las ganancias por acción en un plazo de 10 años, es decir que crezcan al 7.1% anual).
 
El problema con las acciones de empresas de crecimiento, argumenta Graham, es que al ser sus flujos de fondos futuros o sus ganancias futuras tan difíciles de proyectar, muchas veces el precio de estas acciones sube demasiado injustificadamente y después cae fuertemente generando grandes fluctuaciones en el precio de estos activos.
 
Este tipo de grandes fluctuaciones entonces no tienen cabida dentro del portafolio de un inversor conservador.
 
Otras de las técnicas para invertir en acciones que menciona Graham en el capítulo tiene que ver con la metodología de dollar-cost AVERAGING y los buenos resultados que ha mostrado a lo largo de la historia.
 
Esta metodología no hace más que recomendarle al inversor invertir la misma cantidad de dólares todos los meses independientemente de si el mercado está alto o bajo. De esa forma se mitiga el riesgo de entrar en un mercado cuando está en un pico y se aprovecha a comprar acciones cuando el mercado está en un valle.
 
Más adelante en el capítulo otra de las cosas que se pregunta Benjamin Graham es si los inversores conservadores deben tener diferentes estrategias de inversión de acuerdo a su situación personal. En este sentido Graham es categórico, hay que invertir de acuerdo al conocimiento y al grado de esfuerzo que uno esté dispuesto a prestar y no de acuerdo a la edad, la cantidad de dinero, etc.
 
Para cerrar el capítulo, Zweig propone una estrategia de diversificación muy simple utilizando ETFs y dollar-cost averaging. Ir poniendo todos los meses $500 USD en sólo 3 ETF, $300 USD en uno que trackea la totalidad del mercado de acciones americano como puede ser el SPY, $100 USD en un ETF que tenga un mix de acciones extranjeras de primera línea y $100 USD en otro ETF que tenga bonos de USA.
 
Invirtiendo todos los meses una suma fija en este tipo activos es el mejor sistema de inversión que existe para poder tener buenos resultados de inversión teniendo exposición a todo lo que conviene tener exposición.
Siempre reconociendo que no sabemos prácticamente nada del futuro, con lo cual usando esta técnica podemos asegurarnos de que no vamos a estar entrando al mercado 100% en un mal momento o 100% en un buen momento.

El Inversor Inteligente – Capítulo 6 Política de Portafolio Para el Inversor Emprendedor: Un Enfoque Negativo

 
El título de este capítulo menciona “un enfoque negativo” porque Graham va a argumentar todo lo que un inversor emprendedor NO debería hacer, o dicho de otra forma, cuáles son las clases de activos que no debería tocar.
 
En cuanto a los bonos, Benjamin Graham recomienda que el inversor emprendedor por más que sea un inversor activo debería evitar los bonos de baja calificación o bonos basura como se los conoce en la actualidad e invertir solamente en bonos corporativos de alta denominación o bonos gubernamentales libres de impuestos también de excelente calificación crediticia.
 
Para Graham, los pocos puntos de retorno extras que uno podría obtener invirtiendo en bonos basura o en bonos de baja denominación crediticia no valen la pena por asumir ese riesgo extra. De hecho se dan muchos ejemplos en donde emisiones de bonos riesgos que pagaban buenas tasas terminaron defaulteando al poco tiempo y los inversores perdieron todo su capital.
 
En cuanto a los bonos de gobiernos extranjeros, Graham menciona varios ejemplos de la volatilidad que han tenido este tipo de instrumentos de deuda a lo largo de la historia.
Argumentando nuevamente que un inversor activo o emprendedor debería abstenerse también de este tipo de bonos ya que en caso de tener que reclamar ante un default deberían recurrir a cortes extranjeras donde probablemente siempre tengan las de perder.
Continuando con su repaso de los activos en los que debe invertir un inversor emprendedor, Graham menciona el caso de las ofertas iniciales tanto de bonos como de acciones preferidas o acciones comunes.
 
En este sentido Graham recomienda alejarse lo más posible de invertir en este tipo de activos básicamente por dos razones:
  1. Wall Street tiene mayores comisiones por la venta de estos activos con lo cual impulsa la colocación de estos instrumentos con toda la fuerza de su aparato de ventas. Siempre que Wall Street pueda ganar el doble de comisión probablemente sea a expensas de los inversores.
  2. Las ofertas iniciales, generalmente de acciones comunes, se dan en los picos de mercado es decir cuando los managers piensan que los mercados están en máximos y que por lo tanto van a poder obtener el máximo de rendimiento vendiendos sus acciones al público.
De hecho el hecho de que en un año determinado se hagan muchas ofertas iniciales de acciones se considera como un indicador proxi de que se está llegando al máximos de mercado.
 
Como cierre o conclusión de este capítulo en donde Graham menciona todos los instrumentos financieros que un inversor activo o emprendedor no debería tocar, ya en los comentarios Zweig menciona que si bien la recomendación sobre los bonos basura sigue siendo vigente, hoy en día es posible comprar fondos diversificados de bonos basura que atomizan el riesgo de estos activos y que por lo tanto podrían ser más adecuados a los inversores activos o emprendedores.
 
Para decirlo en pocas palabras en general Graham recomienda NO comprar la siguientes clases de activos a menos que sea a precio de “ganga” o de “remate”:
A-bonos extranjeros
B-acciones preferidas ordinarias
C-acciones comunes secundarias incluyendo claro las ofertas públicas iniciales.
Si estos tipos de activos están a valor par (para bonos y acciones preferidas) o a un valor de mercado justo entonces Graham recomienda NO comprarlos.
 

El Inversor Inteligente – Capítulo 7 Política de Portafolio Para el Inversor Emprendedor: El Lado Positivo

 
En este capítulo, Graham pasa al lado positivo de recomendaciones para el inversor activo o emprendedor. Es decir, nos ilustra en cuáles son los tipos de activos en los que debería invertir alguien que se va a ocupar activamente de su cartera.
 
En primer lugar Graham va a delinear 4 conjuntos de estrategias que los inversores activos pueden utilizar para realizar la compra de acciones comunes:
 

1) Comprar en mercados bajos y vender en mercado cuando lleguen a sus máximos:

 
Claro, uno podría decir qué fácil es decirlo y qué difícil es hacerlo. Graham menciona sin embargo que hasta antes de 1971 uno podría haber utilizado un enfoque con fórmulas y ecuaciones para entender si el mercado estaba realmente alto o si estaba realmente bajo.
Sin embargo, dice Graham, a partir de comienzos de los 70s las características del mercado han sido tales y los cambios que se han dado han sido de tal magnitud que la historia reciente de los mercados a ese entonces no era suficiente como para generar una recomendación clara sobre cuándo el mercado iba a estar alto o cuando el mercado estaba bajo.
 

2) Comprar acciones “growth” cuidadosamente seleccionadas

 
Como mencionamos en capítulos anteriores las acciones “growth” o acciones de crecimiento son aquellas que han venido creciendo sus ganancias y que se proyecta que van a seguir creciendo las mismas en el futuro (algunos mencionan que dicho crecimiento debería ser de al menos 7.1% al año).
 
En esta sección Graham también tiene sus reservas en recomendar al inversor activo o emprendedor que comience a comprar acciones de crecimiento básicamente por lo siguiente:
 
A- El crecimiento futuro que uno podría estimar o averiguar con cierta facilidad es el crecimiento futuro a corto plazo es decir para el siguiente año o como mucho a dos años vistas. Normalmente ese crecimiento, si bien pronosticado con mayor certeza, ya está descontado en el precio de la acción y por lo tanto no se podrían conseguir mayores ganancias pagando el precio de mercado.
 
B- En segundo lugar es muy difícil poder pronosticar las ganancias de una compañía en un mayor plazo ya que puede haber muchos factores imponderables. No solo eso, sino también tiene que ocurrir que nuestras proyecciones sean diferentes a las del resto del mercado para poder realizar una ganancia. Además, dice Graham, las empresas con crecimientos acelerados no pueden mantenerlos al infinito y menos si ya vienen de un nivel elevado de crecimiento en los años anteriores.
 
Graham concluye luego de analizar el rendimiento de fondos que solamente invierten en acciones en crecimiento, que el rendimiento de dichos fondos no es muy diferente al rendimiento de aquellos fondos que invierten en acciones comunes.
 
Dicho esto, el auto también menciona que el inversor emprendedor debería abstenerse de comprar acciones de crecimiento ya que es muy difícil que pueda ganarle a fondos especializados que tienen cientos de analistas dedicados a estos temas.
 
Un punto interesante que menciona Graham antes de cerrar esta sección es que las acciones en crecimiento al tener pronósticos sobre ganancias futuras tan inciertos o tan difíciles de predecir, tienden a tener fluctuaciones muy fuertes en sus niveles de precios.
 
En los mercados alcistas estas acciones crecen demasiado y muy rápido producto del optimismo y de lo fácil que es modificar los pronósticos sobre ganancias al no ser tan exactos, por otro lado cuando el mercado se transforma en bajista, estas mismas empresas son las primeras en caer producto del pesimismo.
 
Una de las objeciones que se hace Graham es que las grandes fortunas de la historia las hicieron personas que invirtieron en forma muy concentrada en acciones de crecimiento, ejemplos hay varios: Bill Gates con Microsoft, Carnegie con US Steel, etc. Sin embargo, se contesta Graham, en estos casos esas personas tenían una influencia directa sobre los destinos de la compañía.
 
A menos que el inversor pueda controlar e influir directamente la estrategia y operaciones de la compañía Graham vuelve a recomendar evitar las acciones de crecimiento.
 

3) Comprar acciones de liquidación o “bargains” de diversos tipos

 
En esta sección Graham comienza a analizar los casos en los que un inversor inteligente puede comprar acciones a precios de liquidación. Para obtener resultados mejores al promedio en el largo plazo, un inversor debería seguir una política de selección que cumpla dos condiciones:
1) debería cumplir con tests objetivos y racionales y
2) dicha política de selección debería ser diferente a la política que siguen la mayoría de los inversores en Wall Street.
 
Ahora, ¿en dónde es posible encontrar compañías a precios de liquidación o “gangas” como las llama Graham?
 
A- Compañías grandes poco populares: son compañías de alta capitalización bursátil que han sido “abandonadas” por el mercado y que por lo tanto pueden estar a bajos precios. Estas compañías generalmente han tenido algún contratiempo particular o temporal que ha hecho que su valoración sea menor a la que debería ser.
 
Graham menciona que el inversor sólo debería concentrarse en empresas grandes y no en las chicas que pueden llegar a ser más riesgosas ya que pueden quebrar más fácilmente y además si sus ganancias mejoran también hay un riesgo de que el mercado las siga teniendo olvidadas y que por lo tanto no reconozca esa mejora de ganancias en el precio de la acción.
 
Las compañías grandes son mejores entonces por dos razones principales: 1) tienen generalmente más más capital y recursos humanos para sacarlas adelante en los tiempos difíciles y 2) cuando mejoran el mercado es más rápido en darse cuenta y en premiar esa mejoría.
 
Graham analiza una estrategia muy exitosa en aquella época que consistía en comprar las acciones de alta capitalización bursátil del Dow Jones Industrial Average que tenían el menor P/E, es decir las más baratas. Con esta estrategia se podía ganarle al mercado. Se la conoció como “Dogs of the Dow” o “Los Perros del Dow”.
 
En relación a esta estrategia, hay una salvedad que hay que hacer ya que muchas veces hay empresas que pueden mostrar bajos ratios de P/E y aún ser acciones altamente especulativas por corresponder a empresas con ganancias futuras muy difíciles de predecir.
Estas empresas pueden cotizar a precios muy altos y tener bajos P/E en sus buenos años y por el contrario tener precios muy bajos y P/E muy altos en sus peores años.
 
Por aritmética pura, cuando las ganancias de una empresa son bajas o nulas, necesariamente la acción va a cotizar en un P/E elevado. Una forma fácil de evitar este tipo de casos especiales es requerir también que el precio sea bajo en relación a promedios pasados de ganancias.
 
El escenario ideal para encontrar gangas utilizando esta estrategia sería encontrar una empresa prominente y de alta capitalización bursátil cuyo precio esté por debajo de su promedio histórico y que su P/E también esté por debajo de la cifra promedio de los últimos años.
 
Un tipo de ganga por el cual se reconoce mucho a Graham son los famosos “nets nets”, es decir encontrar empresas que estén cotizando por menos del valor sus activos corrientes menos el total de los pasivos (incluyendo deuda de largo plazo y acciones preferidas).
Si una empresa cotiza por menos del resultado de esta cuenta básicamente nos estarían regalando el negocio ya que el dinero en caja o inversiones de corto plazo se podría usar para pagar no solo las deudas sino también para comprar la empresa.
 
Naturalmente este tipo de oportunidades ya no existen hoy en día.
 
B- Compañías secundarias: Graham hace mención también en este capítulo al caso de las acciones de empresas secundarias (es decir empresas que no son líderes en sus industrias y que generalmente son medianas o pequeñas). Si bien estas empresas pueden permanecer por fuera del radar del mercado durante mucho tiempo sin que reconozcan alguna mejora en su situación, Graham admite que el inversor puede aún beneficiarse de este tipo de inversiones debido:
 
1) en primer lugar a que el dividendo suele ser muy alto en comparación al precio de la acción
2) las ganancias reinvertidas generalmente son muy elevadas y eventualmente afectarán el precio de la acción
3) los mercados alcistas generalmente son más generosos con acciones que están con precios bajos entonces tienden a hacer subir dichos precios hasta un nivel razonable
4) aún sin desarrollos importantes en los mercados, hay un mecanismo constante de ajustes de precios que hace que el precio de las acciones de empresas secundarias llegue a por lo menos niveles aceptables
5) las condiciones que hicieron que la empresa tenga números de ganancias por debajo de lo esperado generalmente son corregidas por la adopción de nuevas políticas o cambios en el management y
6) por último puede que la empresa sea comprada por una compañía más grande en cuyo caso seguramente terminará pagando una prima sobre el precio original de la acción.
 

4) Comprar acciones en situaciones especiales

 
Un último conjunto de estrategias mencionadas por Graham tiene que ver con la compra de acciones en situaciones especiales. Sin embargo, según menciona en los últimos años este tipo de estrategias se ha vuelto más riesgosa para el inversor emprendedor común no profesional.
 
Un caso típico de una “situación especial” es cuando una empresa grande está por comprar a una empresa más chica. En la época en que Graham escribió estas líneas se estaban poniendo de moda los conglomerados y la diversificación de productos o regiones para las grandes empresas.
 
Antes de ingresar en un nuevo mercado era mucho más fácil para una empresa grande comprar una chica que tratar de desarrollar ese mismo mercado invirtiendo en la creación de una nueva entidad.
 
Para lograr la aceptación de la mayoría de los accionistas y de la junta de directores este tipo de transacciones generalmente implicaba una prima en el precio de la acción.
 

El Inversor Inteligente – Capítulo 8 El Inversor y las Fluctuaciones de Mercado

 
El capítulo 8 es tal vez uno de los capítulos más importantes de toda la literatura relacionada a inversiones escrita a en las últimas décadas. En este capítulo Graham establece su conocida metáfora sobre el Señor Mercado e incluye recomendaciones sobre la metodología a seguir para la compra de acciones y bonos por parte del Inversor Inteligente.
 
En primer lugar el capítulo comienza dando recomendaciones para armar una cartera de bonos y acciones. Si el inversor quiere asegurarse que su cartera no tenga mucha volatilidad de precio, debería optar por bonos de no más de 7 años de maduración.
En cambio, si opta por enfocarse más en bonos de vencimientos superiores a dos años y a acciones comunes entonces seguramente va a tener que estar preparado para ver fluctuar el valor su de cartera en porcentajes mucho más amplios.

Fluctuaciones De Mercado Como Una Guía Para Tomar Decisiones De Inversión

Para tomar decisiones en cuanto a compra o venta de acciones, para Graham hay dos tipos de estrategias: están los que hacen TIMING DE MERCADO y los que hacen PRICING DE MERCADO.
 
Estas son las dos formas de aprovecharse de los swings del mercado. Los que hacen timing de mercado compran cuando está subiendo y tratan de vender antes de que empiece a bajar por otro lado los que hacen pricing de mercado (la escuela de Graham y Buffett) tratan de entender cuál es el valor fundamental de la empresa que están comprando y comparando con el precio de mercado entender si es un buen momento para comprar o si por el contrario es momento para vender.
 
Los que hacen timing tratan todo el tiempo de anticipar cuáles van a ser los movimientos del mercado para poder tomar una decisión de venta o de compra. Este grupo de inversores, dice Graham, no pueden calificarse de otra forma que no sea llamarlos especuladores.
Si bien hay un pequeño grupo de individuos que puede hacer dinero practicando el timing del mercado y por lo tanto anticipándose a los movimientos alcistas o a los movimientos bajistas, es ridículo, dice Graham, pensar que el público en general puede tener ganancias bajo esta metodología.
Para los especuladores de mercado, que parecen estar en apuros para lograr alguna ganancia, la idea de esperar un año para que la acción se mueva para arriba les parece repugnante.
En general, dice Graham, las fórmulas que establecen criterios inmutables para comprar o vender acciones no funcionan básicamente por dos razones: 1) los mercados son dinámicos y las variables cambian constantemente y 2) cuando dichas fórmulas se hacen populares influencian el propio mercado dejando de ser rentables.
Para los tiempistas o los que hacen timing de mercado, Graham asegura que antes de 1949 era posible cierta predicción del nivel de mercado de acuerdo a un análisis cuidadoso de ciertas condiciones como por ejemplo:
1) si el precio estaba en máximos históricos
2) un ratio de P/E elevado
3) bajos rendimientos de dividendos en comparación con el rendimiento de los bonos
4) mucha especulación con margen y
5) muchas ofertas iniciales nuevas de baja calidad.
 
Estos indicadores de que se estaba llegando a un pico de mercado, dice Graham, ya no eran válidos para las condiciones de mercado que se dieron a partir de 1949.
 
El único curso de acción posible según el autor, es (en caso de que creamos que las acciones están caras) hacer una mayor ponderación dentro del portafolio para el lado de las acciones en contra de los bonos pero nunca en más de un 75%. Esto hoy en día se conoce como tactical asset allocation.
Como conclusión en esta sección, se menciona que las fórmulas automáticas de selección de inversiones o de acciones que pueden ser seguidas por una gran cantidad de personas y que son demasiado simples es muy difícil que perduren en el tiempo.

Fluctuaciones De Mercado Del Portafolio Del Inversor

En esta sección, Graham nos advierte que si tenemos un portafolio sesgado a acciones no sólo es posible sino que también es probable que veamos subir las acciones un 50% desde su punto más bajo y que también las veamos caer un 33% desde su punto más alto independientemente de cuáles sean las acciones que tengamos o de las condiciones de mercado imperantes.
Esto es así ya que si tenemos una acción que vale $100 y sube 50% llegando a $150 entonces para volver a su nivel anterior tendría que bajar no 50% sino 33%. Básicamente debemos estar dispuestos a tolerar fluctuaciones en el valor de la cartera en relación a esos números de volatilidad.
¿Cómo responder antes estas fluctuaciones inevitables del mercado? Graham recomienda que sí tenemos que hacer algo para mantenernos ocupados lo que más recomienda es hacer un rebalanceo del portafolio cada cierta cantidad de tiempo para volver a las proporciones iniciales.
Si las acciones pasaron a componer el 80% del portafolio y queremos tener solo 75%, deberíamos vender el 5% y comprar bonos lo obtenido.

Valoración De Negocios Versus Valoración Del Mercado De Acciones

En esta sección del capítulo, Graham menciona que el poseedor de una acción tiene un doble estatus del cual se puede aprovechar:
  1. Por un lado es dueño de una parte del negocio y tiene un interés en sus resultados operativos y en el pago de sus dividendos.
  2. Por otro es el poseedor de un activo financiero negociable en el mercado de acciones que se puede vender al precio de cotización del día.
El inversor inteligente puede elegir alternar entre estos dos estatus para sacar provecho de su posición en la empresa.
En este sentido, Graham vuelve a repetir su punto de vista ya que ha mencionado en capítulos anteriores según el que no debemos comprar acciones de empresas que estén cotizando muy por encima del valor de los activos tangibles netos*.
Nunca se debería pagar por encima de ⅓ del valor en libros ya que si esto ocurre, argumenta Graham, estaremos poniendo nuestra fortuna en manos del mercado y necesitaremos de la opinión de otros para validar nuestra inversión y esto puede ser muy riesgoso.
*El valor neto de los activos tangibles, el valor en libros, valor de la hora de balances y valor de los activos tangibles se usan a lo largo del libro como sinónimo de valor neto, el valor total de los activos físicos y financieros de la compañía menos el valor de la totalidad de los pasivos.
Algo importante que se menciona en esta sección y que según Graham es una contradicción del mercado bursátil en sí mismo es que: cuanto mejor sea el historial y los prospectos de una compañía menos relación tendrá el precio de su acción con el valor en libros.
Pero cuanto mayor sea la diferencia entre el precio de la acción y el valor en libros más difícil será determinar su valor intrínseco ya que más va a depender ese valor de los vaivenes del mercado.
La gran parábola es entonces que cuanto más exitosa sea la compañía más va a fluctuar el valor de sus acciones en el mercado bursátil. Cuanto mejor sea la calidad de una acción común más especulativa es probable que sea, al menos comparada con el resto de las acciones comunes menos espectaculares.
Siempre hay que tener en cuenta que por más que una acción esté cotizando en valores cercanos a su valor en libros eso no significa automáticamente que se transforme en una buena inversión. Además las acciones deben tener un ratio aceptable de P/E, una posición financiera suficientemente sólida y los prospectos de que al menos sus ganancias se van a mantener a lo largo del tiempo.
Mientras la empresas en las que el inversor haya invertido sigan dando ganancias, se puede ignorar al mercado o mejor aún seguir comprando cuando las acciones estén por debajo de su valor intrínseco.
El verdadero inversor pocas veces está realmente obligado a vender su posición en el mercado y la mayoría de las veces puede ignorar las cotizaciones del mercado sin problemas.
El inversor que permite dejarse influenciar por las cotizaciones del mercado en una baja estaría mejor si no existieran las cotizaciones en su totalidad ya que se ahorraría el sufrimiento y la angustia mental causada por los errores de juicio de otras personas.
 
Finalmente Graham llega a su famosa metáfora del Señor Mercado en la que nos pide que imaginemos que somos parte de un negocio en donde tenemos acciones por un valor de $1.000 USD.
Además, uno de nuestros socios llamado Señor Mercado viene todos los días y nos dice cuanto piensa que vale nuestra participación accionaria en el negocio y además en función de eso ofrece comprar nuestra participación a ese precio o vendernos aún más acciones.
Muchas veces la cotización que nos da el Señor Mercado parece ser razonable y alineada con la actualidad del negocio y otras veces el Señor Mercado se deja llevar por el miedo y las cotizaciones que nos ofrece son irrisorias.
Si usted es un empresario o un inversor inteligente, dice Graham, ¿dejaría dejarse llevar por el estado de ánimo ciclotímico del Señor Mercado? Obviamente uno puede venderle cuando le parezca que está siendo demasiado optimista o comprarle cuando le parezca que está siendo demasiado pesimista.
Y esa es probablemente la gran enseñanza de Benjamin Graham.
Ya en los comentarios, Zweig analiza cuáles son las razones por las cuales los managers de fondos mutuales de inversión tienen a no lograr los mejores resultados para los fondos que administran:
  1. Con billones de dólares bajo administración pueden elegir solo entre el conjunto de acciones cuyas empresas tienen alta capitalización de mercado, entonces muchos fondos terminan comprando las mismas compañías grandes que están sobrevaloradas.
  2. Los inversores particulares tienen a poner más dinero en los fondos de inversión a medida que el mercado sube, entonces los managers de esos fondos aumentan las posiciones de las acciones que ya tienen haciendo todo suba a niveles aún más riesgosos.
  3. Cuando el mercado empieza a caer, generalmente los inversores en los fondos empiezan a rescatar sus inversiones entonces los managers de los fondos mutuales de inversión se ven obligados a vender justo cuando las acciones son baratas y podrían comprar para obtener buenas ganancias.
  4. Muchos de los managers de fondos mutuales de inversión reciben bonos en función de su performance comparada con benchmarks como el S&P 500. Si una empresa entra en el índice entonces todos los fondos empiezan a comprarla, ya que si a esa acción le va muy bien se cuestionaría la habilidad del manager mientras que si le va mal nadie diría nada.
  5. Cada vez más los managers tienden a especializarse en determinados tipos de acciones entonces si una acción crece demasiado y ese fondo solo se especializa en small caps entonces tienen que vender dicha acción por más que sea una excelente compañía.
Luego de este brillante resumen de por qué los fondos mutuales de inversión muchas veces no logran los mejores resultados, Zweig sigue analizando las enseñanzas Graham en cuanto a que hay que reconocer que invertir en forma inteligente es tratar siempre de controlar lo que es controlable:
  1. Los costos del broker: comprando en forma paciente y barata.
  2. Los costos de ownership: evitando los fondos mutuales de inversión que tienen comisiones anuales solo por invertir nuestros fondos con ellos.
  3. Nuestras expectativas: tratando de ser realistas en cuanto a nuestros retornos.
  4. Nuestro riesgo: decidiendo qué porcentaje se va a invertir en acciones.
  5. La cuenta impositiva: manteniendo las acciones por al menos 1 año en USA o si es posible por al menos 5 años para pagar solo el impuesto a las ganancias de capital de largo plazo.
Nuestro comportamiento: es lo más importante a controlar para no ser presa del pánico inversor en los mercados en baja.
Sigue aprendiendo con nuestras guías de finanzas.
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